Comer 12 uvas en Nochevieja tiene una historia fascinante que combina abundancia, burla y buena fortuna.

La llegada del Año Nuevo trae consigo múltiples tradiciones, pero pocas tan emblemáticas como la de comer 12 uvas al ritmo de las campanadas de medianoche.

Aunque hoy simbolizan deseos de prosperidad, esta costumbre tiene un origen inesperado que mezcla excedentes agrícolas y revueltas sociales.

El origen: ¿suerte o necesidad?

Aunque popularmente se atribuye a un excedente de uvas en 1909, cuando productores españoles las comercializaron como “uvas de la suerte”, esta tradición tiene raíces más profundas.

Ya en 1882, madrileños de clases populares comenzaron a imitar y satirizar la costumbre aristócrata de comer uvas y brindar con champán en la cena de Nochevieja.

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La ironía se convirtió en hábito, y para finales del siglo XIX, las uvas ya resonaban junto con las campanadas en la Puerta del Sol.

La expansión de un ritual

Desde Madrid, la tradición se propagó a Tenerife en 1903 y, gradualmente, al resto de España, Portugal y Latinoamérica. En cada lugar, las uvas adoptaron significados específicos, pero siempre ligados a la suerte, los deseos y la abundancia.

¿Qué simbolizan las uvas?

Cada uva representa un deseo para los 12 meses del año. Comerlas al son de las campanadas es un acto que mezcla fe y superstición, buscando despedir el año con gratitud y recibir el nuevo con esperanza.

Otras tradiciones alrededor del mundo

En Italia, las lentejas simbolizan fortuna; en Grecia, el pastel con monedas augura buena suerte; y en América Latina, maletas en la puerta y ropa interior roja prometen viajes y amor. Aunque los rituales varían, el objetivo es el mismo: empezar el año con energía positiva.

La próxima vez que comas tus 12 uvas, recuerda que estás participando en una tradición que comenzó como una sátira social y que hoy une a millones de personas en un acto de esperanza.

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